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![]() “Si hacen lo que Yo os diga se salvarán muchas almas y tendrán paz.” El Plan de Paz de Nuestra Señora está basado en tres simples pero poderosas peticiones. La primera es una petición por oración, más específicamente de la recitación del Rosario y de la devoción del Escapulario Castaño. La segunda nos pide expiar por los pecados y atrocidades perpetrados en contra de la Gracia de Dios y las blasfemias contra los Santos Corazones de Jesús y María. La tercera petición es por la consagración de Rusia (y específicamente de Rusia) al Corazón Inmaculado de María, hecha por el Papa y todos los obispos del mundo, tanto a nivel personal como público. ORACION. En cada una de las ocasiones en que la Santísima Virgen se les apareció a los tres niños en Fátima, Ella repitió Sus peticiones de que rezáramos el Rosario todos los días. En la visión final, el 13 de octubre de 1917, Nuestra Señora mostró silenciosamente el Escapulario Castaño de Monte Carmelo como señal de Su deseo de que emprendiéramos Su gran devoción. La Hermana Lucía ha declarado, en efecto, que “el Escapulario y el Rosario son inseparables”. Surgida de la fe, la oración se convierte en el fundamento imperturbable de la paz, dentro del plan de salvación del Cielo. REPARACIÓN. En Fátima, Nuestra Señora le dijo a las videntes que Nuestro Señor estaba muy ofendido por el pecado, y declaró que “No ofendan más a Dios nuestro Señor que ya está muy ofendido!” Les dijo también que Ella regresaría posteriormente a pedir una nueva devoción de reparación para salvar a las almas. Fiel a Su palabra, en la tarde del 10 de diciembre de 1925, Ella y el Niño Jesús se le aparecieron a la Hermana Lucía en su celda conventual en Pontevedra, España. Mostrándole a la joven monja un Corazón rodeado de espinas, Nuestra Señora le dijo que anunciara al mundo, en Su Nombre, que asistiría, al momento de la muerte, a todos aquellos que se confiesen el Primer Sábado durante cinco meses consecutivos, reciban la Santa Comunión, reciten cinco decenas del Rosario y mediten durante quince minutos sobre los misterios del Rosario, con la intención de reparación a Ella. Surgida de la esperanza, ésta gran devoción de los Cinco Primeros Sábados une hoy en día a millones de corazones en una cadena no interrumpida de reparación del pecado y expiación por las ofensas en contra de los Corazones de Jesús y María. CONSEGRACIÓN. Consagrarse es hacerse santo, dedicarse a Dios y declararse santo. El Plan de Paz de Nuestra Señora es un llamado personal y público a la consagración. De acuerdo al Santo Evangelio, la Madre de Dios pide de cada uno de nosotros que consagremos nuestras vidas a Su Corazón Inmaculado, dejando que éste se convierta en nuestra puerta a Su Hijo, Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo. Al mismo tiempo, Nuestra Señora le pide también a la Iglesia que reconozca públicamente Su nombramiento divino como Mediadora de Todas las Gracias y Reina de la Paz, mediante la consagración de Rusia (y específicamente de Rusia) a Su Corazón Inmaculado, en una ceremonia pública llevada a cabo por el Papa y por todos los obispos católicos del mundo. “A través de estos medios”, Ella promete “convertir aquella pobre nación” y traer la paz al mundo. Hablándole a la Hermana Lucía, Nuestro Señor ha confirmado que es Su intención el que este gran acto público glorifique el Corazón Inmaculado de Su Madre a través de todo el mundo. Derivado, como lo está, de la caridad y del amor desinteresado, el acto de consagración es el elemento más importante dentro del Plan de Paz de Nuestra Señora. Cuando le habló a la Hermana Lucía, Nuestro Señor dijo: “... quiero que toda Mi Iglesia ... poner, al lado de la devoción de Mi Corazón Divino, la devoción a este Corazón Inmaculado.” El Plan de Paz que Nuestra Señora anunció en Fátima es, en esencia, un esfuerzo para unir los corazones de millones con los de Ella Misma y de Su Hijo Divino, unión que constituye la fuente y el manantial mismo de la paz verdadera en el mundo. Las Armas del Cielo |
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